El ser humano para tener una buena calidad de vida debe alcanzar
un buen nivel de satisfacción total, este se obtiene compartiendo en familia, mantener relaciones sexuales sanas, tener un trabajo,
la comida, el deporte etc. Las carencias en una dimensión pueden compensarse
con la satisfacción obtenida por alguna otra.
En algunos casos hay ciertas características
de personalidad o estados emocionales que aumentan la vulnerabilidad a las
adicciones: la impulsividad, la disforia, la intolerancia a los estímulos
placenteros tanto psíquicos como físicos; y la búsqueda exagerada de
sensaciones. Muchas veces la adicción es un problema de personalidad (baja
autoestima por ejemplo) o un estilo de afrontamiento inadecuado ante las
dificultades cotidianas; se trata de personas que carecen de un afecto
consistente y que intentan llenar esa carencia con sustancias (drogas) o sin
sustancias (compras, juego, trabajo), porque el amor llena de sentido nuestra
vida y contribuye de forma decisiva a nuestro equilibrio psicológico.
Las adicciones psicológicas inician con la vulnerabilidad, actividades placenteras y presión social; Y se mantienen con déficit de autocontrol y del control de los impulsos, dependencia y falta de actividades gratificantes.
En definitiva, una persona con personalidad vulnerable y con una falta de cohesión en sus redes de apoyo corre gran riesgo de hacerse adicto si cuenta con hábitos de recompensas inmediatas.
En definitiva, una persona con personalidad vulnerable y con una falta de cohesión en sus redes de apoyo corre gran riesgo de hacerse adicto si cuenta con hábitos de recompensas inmediatas.
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